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Emociones: Tristeza

Tristeza

La tristeza es un tipo de emoción que solemos percibir como algo negativo y pertenece a la gama de las seis básicas sobre las que teorizan los expertos. Se erige como parte de un proceso de valoración sobre un acontecimiento: pérdida o fracaso de algo que nos importa. Estos sentimientos a veces son reales o probables y permanentes o temporales.

La información sensorial, emoción, llega al sistema nervioso central a través de sentidos y nervios que acoplan recuerdos con estados de ánimo. Lo común es que el aparato neurotransmisor, por medio de uno de sus receptores, nos provea flujo de serotonina, lo que ayuda a que el estado de tristeza o ansiedad sea temporal; cuando esto no sucede se origina algo que se llama depresión química, tornando el estado de tristeza en algo permanente y ascendente que debe ser tratado con medicación que provea equilibrio.

Sin embargo, yo personalmente, no la ubicaría en el rango de emoción negativa por antonomasia; dado que, en muchas ocasiones nos permite valorar lo que tenemos a partir de la remembranza de las pérdidas. Por medio de ella puede acontecer algo parecido a lo que experimentamos cuando sentimos miedo, la emoción que nos limita a no correr ciertos riesgos.

A la tristeza se la suele vestir con indumentarias acordes a la cultura, al ambiente y a la personalidad según cada individuo. Es decir, en unas partes se la podría relacionar con lo oscuro, la muerte y la soledad; en otros sitios, donde la muerte se viste de blanco por la celebración de la oportunidad de una nueva vida, y la soledad nada tiene que ver con sentirse solo, es algo que muchos artistas convirtieron en algo hermoso, además de productivo. Lo que llamamos melancolía.

La tristeza, según la mayoría de los auto-epitafios, no es parte de la muerte. Sin importar credo o religión, del que lo elabora, es un micro cuento de vida, un verso de un proceso entre lo más importante del comienzo hasta el final, el saberse perecedero y olvidable. “Donde lo único que tenemos son nuestras dudas…”. (WS). He aquí un ejemplo:

AQUÍ YACE, como la coma anticuada, la autora de algunos versos. Descanso eterno tuvo a bien darle la tierra, a pesar de que la muerta con los grupos literarios no se hablaba. Aunque tampoco en su tumba encontró nada mejor que una lechuza, jacintos y este treno. Transeúnte, quita a tu electrónico cerebro la cubierta y piensa un poco en el destino de Wislawa. (Wislawa Szymborska)

Una de las frases que suelen ser parte de mis terapias reza así: es más fácil ser feliz que infeliz. Lo segundo necesita de tramoya, mentiras, remordimientos, rencores, etc. Para ser feliz, o no estar triste, basta con aceptar el pasado como algo inalterable, el presente como una cosa en la que a veces no tienes control, y el futuro, aunque decidas y puedas ahorrar, como algo inexistente.

La tristeza puede tener la capacidad, que no tiene la alegría, de dominarnos y someternos por completo y por más tiempo. Provocando inclusive dolores físicos, patologías y estados donde perdemos la voluntad de vivir. Si alguna vez escucharon o leyeron sobre que alguien que se dejó morir, por novelesco que parezca puede ser cierto. Esta emoción, generalmente, está supeditada a otros. Sufrimos por situaciones, personas, recuerdos y hasta por lo que imaginamos. No es tan fácil dejar de sufrir, es más fácil evitar situaciones que nos causen dolor. Entender que si únicamente te roza la llama de una vela no vas a salir lastimado, pero si te quedas sobre su aliento por más tiempo puede quemarte, arrancarte la piel y hasta insensibilizarte.

El sufrimiento o la tristeza a veces es necesario, nos da cuenta de que estamos vivos; tratemos solamente de que estos sean efímeros.

Concluyo esta reflexión con un verso que en apenas dos líneas la magnífica poeta polaca nos resume, según mi criterio, lo que nos podría evitar el dolor.

DEBO MUCHO a quienes no amo (WS)

A lo que yo acoto, no me disculpo por el sacrilegio: Los que quise y quiero me lo han quitado casi todo. (Elizabeth Quila)

https://youtu.be/6McX1QzCRRM

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