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Fotografía Conductual

La observación de sus congéneres ha sido, desde el inicio de los tiempos, una actitud permanente de los seres humanos para poder entender su propia conducta. Expresiones, manifestaciones, desarrollo de conductualidad que al psicoanálisis le ha servido para recoger información que de manera eficaz y directa ha ayudado al ente en observación para modificar su propio accionar tanto en su entorno externo, como en su interioridad.

Kent y Foster comparan la observación conductual con una fotografía (ambos son fieles reflejos de la realidad, pero solo una opción entre las muchas posibles que hay de reflejarla). Es de aquí que emerge una de las terapias más eficaces y novedosas que se denomina Fotografía Conductual. Cuya aplicación se recomienda y utiliza en trastornos alimentarios, así como en todo tipo se manifestaciones de baja auto estima e imagen.

La Fotografía conductual utiliza en su despliegue “parámetros y momentos” que son los que darán cuenta de lo observado de acuerdo a su captación del reflejo de la conducta objetivo. Cuyo desarrollo y presentación, de conducta, del paciente para el terapista debe ser avalada por la observación paralela de personas cercanas al primero. Siendo así, habrá gran certeza de que el paciente no está actuando para el lente observador, si no que está siendo quien es de manera habitual para los demás. Cabe anotar que generalmente solo una persona absolutamente cercana, con quien haya mantenido el paciente una convivencia de no solo años, si no, también de varios eventos de todo tipo, es el elemento idóneo para poder realizar la terapia en cuestión. También se puede ayudar con esta terapia a personas que no poseen observadores cercanos, familiares o parejas, pero solo por medio de la observación periódica, sorpresiva y espontánea de registro de conductualidad, en las diferentes áreas en que el paciente se desenvuelve, por parte del terapista.

Lo seres humanos, algunos, connotan a los otros sus emociones y acciones de manera velada, controlada o, en ciertos casos, hasta desproporcionada. Empero en lo que respecta a lo que reflejan denotan, aún sin proponérselo, los sentimientos en pleno. Que es lo que nos permite a los expertos, o a sus cercanos, la interpretación del estado de ánimo y vivencia del paciente, y por consiguiente de su valoración.

El noventa por ciento de las personas que padecen trastornos alimentarios, visión alienada y distorsionada de su reflejo, tienen entre doce y veinticinco años y son mujeres. La edad media describe el trastorno como un mecanismo para provocar el rechazo masculino, gracias a la información que se tiene de la santa Wilgefortis, hija del rey de Portugal, que ayunó y rezó a Dios rogándole le arrebatara su belleza para así ahuyentar la atención de los hombres; y a finales del siglo XX, se traduce exactamente en lo contrario, gracias a la conceptualización difundida en revistas de un modelo ideal físico femenino. Ya que por ceñirse a una moda antilógica, no puede ser lógico que un cuerpo no madure ni crezca en su voluptuosidad, los jóvenes carentes de auto estima e imagen propias tienden a desfigurar su reflejo acomodándolo a la figura, idónea, que poseen en sus alienadas mentes. La Fotografía conductual se manifiesta aquí, antes que nada con el origen psicoanalítico que provocó este desorden para luego enfrentarlo y refutarlo con el reflejo en proceso tanto de la existencia histórica del paciente como del ser humano desde sus albores. Demostrando que la belleza no la erige un concepto de moda, si no un enamoramiento apropiado del ser humano en su despliegue y presencia.

La Fotografía conductual, apoyada enormemente por el psicoanálisis, se desarrolla de la mano de varias ciencias y del arte. Y así como es una terapia eficaz para los seres afectados por bulimia y anorexia, también lo es para personas que están formando, acorde a las miradas y deseos de las que son objeto, su personalidad. Evitando así, con un apoyo de reflejo lógico, la incursión de los adolescentes en trastornos alimentarios o de indiscriminación sexual.

Además, la Fotografía conductual revaloriza la imagen femenina en la madurez. Demostrando que ésta, como todas las etapas del ser humano, está provista y en derroche de la hermosura y belleza, de su interioridad y de su origen como ser sexual, que solo nosotros mismo le imponemos a nuestra imagen, proyectando exactamente lo mismo a nuestros observadores.

Elizabeth Quila

©2019 Sitio web de Elizabeth Quila

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