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  • elizabethquila

Miedo

Updated: Jun 1


Las emociones, son experiencias que tenemos de forma consciente y breve. Se manifiestan por medio de actividades mentales intensas y nos provocan placer o displacer.

Surgen del sistema límbico donde se originan estados complejos a partir de lo fisiológico, o reacción física involuntaria ante los estímulos; lo cognitivo, pugna entre el consciente e inconsciente que da como resultado la carga de la subjetividad; y lo conductual, que no es otra cosa que la derivación del cambio de comportamiento que se manifiesta por medio de expresiones gestuales o de postura.

Las tres primeras emociones que solemos experimentar la conforman el miedo, el enfado y la alegría. Las que al manifestarse desde el inicio de nuestra vida, cuando aún no nos hemos entrenado para aparentar, son factibles de percibir para los que nos rodean.

Un poema para explicar mejor la primera, permanente y última emoción que solemos experimentar:

Tengo miedo. La tarde es gris y la tristeza del cielo se abre como una boca de muerto. Tiene mi corazón un llanto de princesa olvidada en el fondo de un palacio desierto.


Tengo miedo -Y me siento tan cansado y pequeño que reflojo la tarde sin meditar en ella. (En mi cabeza enferma no ha de caber un sueño así como en el cielo no ha cabido una estrella.) Sin embargo en mis ojos una pregunta existe y hay un grito en mi boca que mi boca no grita. ¡No hay oído en la tierra que oiga mi queja triste abandonada en medio de la tierra infinita! Se muere el universo de una calma agonía sin la fiesta del Sol o el crepúsculo verde. Agoniza Saturno como una pena mía, la Tierra es una fruta negra que el cielo muerde. Y por la vastedad del vacío van ciegas las nubes de la tarde, como barcas perdidas que escondieran estrellas rotas en sus bodegas. Y la muerte del mundo cae sobre mi vida. (Pablo Neruda)


La infancia es una estepa donde comienza a cabalgar el desasosiego. Sin importar cuán amados seamos el desamparo nos palpita a menudo. Cuando los olores cambian y deseamos percibir un único aroma; cuando los abrazos no tienen la carga del contacto más allá de la piel, el cansancio y la obligación; cuando nos apagan la luz sin haber iluminado nuestro centro, darnos seguridad. Entre los mejores de los casos.


Creo, estoy convencida, que esta es la etapa en la que más sufre un ser humano debido a la indefensión. Lloramos hasta que aprendemos a hacerlo para adentro, lo que en la adultez en algunos se convierte en melancolía y en otros en cinismo. Empero, el miedo no desaparece, sólo se transforma.


El poema refleja a la perfección gran parte de las etapas del ser humano. Metáforas que aluden a experiencias tanto conductuales como cognitivas, lo que sin duda puede derivar en fisiológico. Porque el miedo nos provoca malestares reales que al inicio marcan nuestro comportamiento y, con los años, patologías visibles y analizables.


El nudo en el estómago, el lazo en la garganta, un corazón desbocado que si lo dejamos libre se nos puede llevar la vida.


El miedo, pese a la carga de su significado, puede ser positivo; porque así como nos lastima tiene la capacidad de salvarnos. Si no fuese por el miedo nuestra vida sería quebrantable al poco tiempo de empezarla; gracias a este aprendemos a cuidarnos, en la mayoría de los casos de nosotros mismos.


Si se pudiese etiquetar al miedo con otro nombre yo lo llamaría profeta: Moisés, Buda, Confucio, Mahoma y Jesucristo en una sola advertencia. Interprete de una voluntad superior, en este caso la de protegernos antes que a nadie y por sobre todas las


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